
es.wikipedia.org/wiki/C%C3%ADclope
El estado no puede perjudicar a todos. Por eso, a más miseria más riqueza de los ricos, que no son los millonarios. Los que cuentan son el batallón de sucios tenderos, que sudan ácido veinte horas al día para robarles los cuartos a los indefensos. El explotador es el que trabaja. Es el que empuja el engranaje. Esos inmigrantes absolutamente faltos de autoestima son los artífices del sádico milagro. Son el combustible del mecanismo que ya se disparó, y ahora a agarrarse fuerte. Y sí, tal vez el viejo Albert (que no era el tío de Mary Poppins), no haya sido tan pernicioso. Como no hay un cernidor que uno pueda sacudir hasta que sólo queden los gordos, la razzia tiene que ser general (y sí, si no no es tal). Bum, como Michael Cane. Primer plano, sonrisa calma y complacida. Y ahí vamos todos, porque no hay justos visibles. La justicia requiere de invisibilidad. La deslumbrante luz de las sombras. Dijiste: arriba de un cerro. ¡Seguro! Ni que fuéramos giles. Iniciados, sí; idiotas, no. La lámpara encendida en la cumbre no es más que un blanco fácil. Llueven las pedradas, y en los grandes números es imposible errar. Es humano. ¡Cuán humano es! Y no perdona. Zumba, dos, diez, mil, hasta que una da en la frente cristalina del cíclope. Sabés de cuál te hablo. Lo viste, en sueños. Pestañeando con una lentitud enorme, tanto más pasmosa porque no te exasperaba. Primero eran dos ojos, cosa harto normal. Luego se iban esponjando, ajaponesando hacia adentro y hacia afuera. Hasta concluir, quién sabe cuándo, en ese ojo parsimonioso que sugiere su magia. Coqueto, experiente.
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Buen Post.