
Juan llega a la casa de Nelly que es su madre y le dice:
👳 Mami se me presentó una oportunidad de trabajo para irme al exterior. Yo aún soy muy joven, solo tengo 24 años y voy a asumir ese reto. Por eso quiero que me compre la casa, porque si no busco a otro comprador.
La madre, con expresión de frustración, decepción y dolor profundo, le responde:
👰 Pero bueno chico, otra vez con ese temita. Primero, yo no tengo dinero; y segundo, cuando vas a entender que la casa no es tuya, que a ti te corresponde una parte, igual que a tus dos hermanos.
Juan le responde:
👳 Mamá, tu puedes decir lo que quieras, pero el documento de la casa está a mi nombre, porque papi me la escrituró a mÃ.
Nelly, con lágrimas en sus ojos, le comenta:
👰 Hijo, ya este tema lo hemos hablado infinidad de veces. Tu papá puso la casa a nombre tuyo porque en ese momento aún no habÃan nacido tus hermanos. Y él, por razones de control y seguridad, ya que yo era la amante, la puso a tu nombre. Pero la realidad, es que esta casa es nuestra. Si fueras consciente y justo, además si te guiaras por los principios cristianos que dices creer, los cuales escuchas a diario en la Iglesia donde vives metido casi todos los dÃas; desde hace muchÃsimo tiempo hubieses arreglado ese documento.
Juan alterado por las recriminaciones de su madre, vocifera:
👳 Bueno, tú ves, o la compras o te quedas en la calle.
Juan tiró la puerta y se fue para la casa de su esposa.
Nelly, quedó hecha un mar de lágrimas, drenando su decepción, frustración e impotencia. Y en medio de ese dolor comenzó a pensar en voz alta:
👰 Antes de él nacer, me enfrenté a toda mi familia, luego fueron nueve meses traumáticos en todos los sentidos, después de su nacimiento me enfrenté cada dÃa a todos los obstáculos que surgieron para que creciera sano y estudiara. Lo he amado, lo amo y lo amaré con todo mi corazón... ¿Y asà es como me paga? ¡Ahora me quiere tirar a la calle! ¡Vaya injusticia! ¡Vaya ingratitud!

Fuente
La gran mayorÃa de hijos, salvo algunas excepciones, somos muy desagradecidos. Realmente nos cuesta demostrar gratitud a la persona que nos llevó en su vientre durante nueve meses, nos cuidó, alimentó, llenó de ternura, se sacrificó por vernos crecer, estudiar…
El ser que se trasnochó ante cualquier enfermedad o ausencia de sueño. Ese ser que es nuestra madre, aunque por diversos motivos justificados o injustificados no la amemos, merece gratitud, merece admiración y merece respeto. Eso es lo mÃnimo que un hijo deberÃa brindarle a su madre.
Muchos hijos que nunca en vida le brindaron a su madre gratitud, ni mucho menos amor, cuando ella muere arman el show del desespero, angustia y lágrimas a montón. Pero ya es demasiado tarde.

No deberÃamos desperdiciar los momentos que tenemos con los seres que decimos amar (ya que todo ser humano con plena certeza morirá), para demostrarles con nuestras acciones concretas, que estamos eternamente agradecidos, que les amamos, respetamos y apoyamos en todo lo que está a nuestro alcance.

Fuente
Hay otro aspecto que quiero resaltar en esta reflexión, que es que la gran mayorÃa sufre del "sÃndrome del gavetero". Vamos a imaginarnos un gavetero, donde cada gaveta representa un ámbito o rol de nuestra vida, entre ellos tenemos: padre, hijo, esposo, gerente, polÃtico, religioso, amigo, ciudadano, etc. Pues bien, parece que hemos asumido que esos diferentes roles o ámbitos son independientes, autónomos y cada uno tiene sus propias normas y códigos morales -en algunos casos esa normas y códigos son contradictorios y antagónicos-, por eso lo del sÃndrome del gavetero.
Ante dicho sÃndrome debemos reaccionar y comprometernos a ser auténticos y congruentes con los valores que decimos profesar.
El hilo comunicante entre las diferentes gavetas de nuestro ser, deberÃan ser los valores fundamentales en los que decimos creer. Esos valores deberÃan retroalimentar, fortalecer y hacer brillar mi SER en cada una de esos roles y responsabilidades, porque sigo siendo el mismo.
Por tanto es hipocresÃa total, cuando yo soy una persona en la Iglesia donde soy pura integridad, fraternidad, paz y amor; luego soy otro cuando hablo de polÃtica o defiendo una tendencia polÃtica, porque me convierto en intolerante, violento y excluyente; luego en mi campo laboral soy corrupto, deshonesto, engreÃdo, déspota, violador de derechos humanos; luego soy otro cuando actúo como esposo, porque pretendo ser Ãntegro, honesto, intachable, etc.
El desafÃo es comenzar a ser auténticos, a ser congruentes en todos los ámbitos de nuestra vida a la luz de los valores que decimos creer.Pregunta para el cuestionamiento y la acción:

Este post que es de mi AutorÃa se encuentra publicado en mi blog en la siguiente dirección:
http://construyendorelacionesextraordinarias.blogspot.com/2016/11/hijo-desagradecido.html
👳 Mami se me presentó una oportunidad de trabajo para irme al exterior. Yo aún soy muy joven, solo tengo 24 años y voy a asumir ese reto. Por eso quiero que me compre la casa, porque si no busco a otro comprador.
La madre, con expresión de frustración, decepción y dolor profundo, le responde:
👰 Pero bueno chico, otra vez con ese temita. Primero, yo no tengo dinero; y segundo, cuando vas a entender que la casa no es tuya, que a ti te corresponde una parte, igual que a tus dos hermanos.
Juan le responde:
👳 Mamá, tu puedes decir lo que quieras, pero el documento de la casa está a mi nombre, porque papi me la escrituró a mÃ.
Nelly, con lágrimas en sus ojos, le comenta:
👰 Hijo, ya este tema lo hemos hablado infinidad de veces. Tu papá puso la casa a nombre tuyo porque en ese momento aún no habÃan nacido tus hermanos. Y él, por razones de control y seguridad, ya que yo era la amante, la puso a tu nombre. Pero la realidad, es que esta casa es nuestra. Si fueras consciente y justo, además si te guiaras por los principios cristianos que dices creer, los cuales escuchas a diario en la Iglesia donde vives metido casi todos los dÃas; desde hace muchÃsimo tiempo hubieses arreglado ese documento.
Juan alterado por las recriminaciones de su madre, vocifera:
👳 Bueno, tú ves, o la compras o te quedas en la calle.
Juan tiró la puerta y se fue para la casa de su esposa.
Nelly, quedó hecha un mar de lágrimas, drenando su decepción, frustración e impotencia. Y en medio de ese dolor comenzó a pensar en voz alta:
👰 Antes de él nacer, me enfrenté a toda mi familia, luego fueron nueve meses traumáticos en todos los sentidos, después de su nacimiento me enfrenté cada dÃa a todos los obstáculos que surgieron para que creciera sano y estudiara. Lo he amado, lo amo y lo amaré con todo mi corazón... ¿Y asà es como me paga? ¡Ahora me quiere tirar a la calle! ¡Vaya injusticia! ¡Vaya ingratitud!
P. D. Historia basada en hechos reales de una familia amiga

REFLEXIÓN:
La gran mayorÃa de hijos, salvo algunas excepciones, somos muy desagradecidos. Realmente nos cuesta demostrar gratitud a la persona que nos llevó en su vientre durante nueve meses, nos cuidó, alimentó, llenó de ternura, se sacrificó por vernos crecer, estudiar…
El ser que se trasnochó ante cualquier enfermedad o ausencia de sueño. Ese ser que es nuestra madre, aunque por diversos motivos justificados o injustificados no la amemos, merece gratitud, merece admiración y merece respeto. Eso es lo mÃnimo que un hijo deberÃa brindarle a su madre.
Muchos hijos que nunca en vida le brindaron a su madre gratitud, ni mucho menos amor, cuando ella muere arman el show del desespero, angustia y lágrimas a montón. Pero ya es demasiado tarde.

No deberÃamos desperdiciar los momentos que tenemos con los seres que decimos amar (ya que todo ser humano con plena certeza morirá), para demostrarles con nuestras acciones concretas, que estamos eternamente agradecidos, que les amamos, respetamos y apoyamos en todo lo que está a nuestro alcance.


Hay otro aspecto que quiero resaltar en esta reflexión, que es que la gran mayorÃa sufre del "sÃndrome del gavetero". Vamos a imaginarnos un gavetero, donde cada gaveta representa un ámbito o rol de nuestra vida, entre ellos tenemos: padre, hijo, esposo, gerente, polÃtico, religioso, amigo, ciudadano, etc. Pues bien, parece que hemos asumido que esos diferentes roles o ámbitos son independientes, autónomos y cada uno tiene sus propias normas y códigos morales -en algunos casos esa normas y códigos son contradictorios y antagónicos-, por eso lo del sÃndrome del gavetero.
Ante dicho sÃndrome debemos reaccionar y comprometernos a ser auténticos y congruentes con los valores que decimos profesar.
El problema no está en que tengamos diferentes roles, porque de hecho todos poseemos muchos roles y responsabilidades, el problema está cuando exhibimos valores antagónicos y contradictorios -respecto a nuestro SER- en cada uno de esos roles.
El hilo comunicante entre las diferentes gavetas de nuestro ser, deberÃan ser los valores fundamentales en los que decimos creer. Esos valores deberÃan retroalimentar, fortalecer y hacer brillar mi SER en cada una de esos roles y responsabilidades, porque sigo siendo el mismo.
Por tanto es hipocresÃa total, cuando yo soy una persona en la Iglesia donde soy pura integridad, fraternidad, paz y amor; luego soy otro cuando hablo de polÃtica o defiendo una tendencia polÃtica, porque me convierto en intolerante, violento y excluyente; luego en mi campo laboral soy corrupto, deshonesto, engreÃdo, déspota, violador de derechos humanos; luego soy otro cuando actúo como esposo, porque pretendo ser Ãntegro, honesto, intachable, etc.
El desafÃo es comenzar a ser auténticos, a ser congruentes en todos los ámbitos de nuestra vida a la luz de los valores que decimos creer.
Pregunta para el cuestionamiento y la acción:
¿Qué debo hacer para que cada dÃa, independientemente de los roles que desempeño, sea coherente con los valores que profeso?

Este post que es de mi AutorÃa se encuentra publicado en mi blog en la siguiente dirección:
http://construyendorelacionesextraordinarias.blogspot.com/2016/11/hijo-desagradecido.html
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