No hay que morir de desengaño (Es-En)

in Holos&Lotus11 months ago (edited)

Hola amigos de Holos-Lotus

Pixabay

Una amiga me dijo en una oportunidad: "No esperes nada de nadie, sino terminarás decepcionada". Hay días en los que siento que la decepción es mi estado natural, como si llevara una piel invisible tejida con desengaños.

No es que busque razones para desilusionarme, pero las encuentro con una facilidad pasmosa. La decepción entra por alguna vía directa al corazón y, desde allí, empieza a revolverlo todo. A veces es por algo pequeño, casi insignificante; otras veces, es por casi todo. En esta isla, es fácil decepcionarse. Hemos llegado a un estado tal que cuesta mucho tiempo, esfuerzo y dinero encontrar algo que nos satisfaga.

Me decepcionan las promesas incumplidas, un gesto de desagrado de alguien que estimo, alguien que esperé y nunca llegó. Hay decepciones más profundas, como darme cuenta de que alguien no era quien yo creía, o que una situación en la que había depositado fe se desmorona sin remedio.

Me pregunto si soy demasiado exigente, si espero demasiado de los demás o incluso de mí misma. Sé que soy intensa e intuitiva, incluso dramática. Tal vez la decepción no sea más que el resultado de una imaginación demasiado activa e ingenua, de construir castillos en el aire —o sin cimientos, como dice mi madre— y luego sufrir cuando la realidad los derriba con un soplo. "Te desengañaste", me dice.

A veces me digo que debo evitar decepcionarme con tanta facilidad. El mundo puede incumplir sus propias promesas, pero si en ello no va la vida, no debo dejarme afectar. ¡Qué fácil, verdad! La autoconciencia ayuda, pero no es suficiente.

Hay decepciones que duelen como un corte en la piel. Como cuando alguien en quien confías te traiciona sin vacilar. Recuerdo los frecuentes reclamos en el empleo al que dediqué 30 años de mi vida. Exigía el bienestar de todos, y un día, en un encuentro, me asombré: los mismos compañeros afectados asumieron una posición ambigua, que nombro como agua tibia.

Todos debieron abandonar sus empleos después de mí, porque a los traidores se les usa y luego se les abandona a su suerte. Vinieron después las disculpas, los lamentos, pero ya no había remedio.


Pixabay

Cuando sabes quién te decepciona, duele, sí, pero al menos sabes de dónde viene el dolor. Lo peor son las decepciones difusas, esas que no puedes explicar del todo porque no hay un hecho concreto que las justifique, sino una acumulación de pequeñas cosas.

También está la decepción conmigo misma, que es quizás la más cruel de todas. Esa voz que me susurra: Podrías haberlo hecho mejor. Gastas el dinero en cosas inútiles y, cuando lo necesitas para algo importante, no lo tienes; Podrías haber sido más fuerte, más sabia, menos frágil.

Me decepciono cuando no cumplo mis propias expectativas, cuando me doy cuenta de que ni siquiera yo estoy a la altura de lo que esperaba, cuando no me esfuerzo o soy conformista. Entonces, la decepción se mezcla con la vergüenza, porque fallarse a uno mismo duele de una manera distinta, más íntima y demoledora.

Otros se sentirán decepcionados de mí. A veces pienso que mi madre esperó más: premios por lo que escribo, una vida más próspera, viajes, hijos...

He intentado construir defensas contra la decepción: bajar mis expectativas, anticipar el fracaso, prepararme para los desengaños, no esperar nada. Pero ni siquiera eso funciona del todo, porque la decepción siempre encuentra una grieta por donde colarse.

No importa cuánto lo intente, nunca logro inmunizarme por completo. Sigo siendo esa misma niña que se entristece cuando el de al lado come su merienda sin compartir, o que espera que sus hermanos actúen con solidaridad porque "somos de la misma sangre".

Pixabay

Con el tiempo, he aprendido que la decepción no es el fin de nada, sino una forma de ajustar la vida. Cada desencanto es un reajuste, un recordatorio de que las cosas rara vez son tan simples como quisiéramos.

Me duele, sí, pero también me enseña. Me obliga a distinguir entre lo que merece mi fe y lo que no, entre las personas que valen la pena y las que solo están de paso.

Al final, tal vez la decepción no sea más que el lado oscuro de la confianza. Y aunque a veces sienta que cargar con ella es un peso insoportable, prefiero seguir sintiéndola antes que endurecerme hasta dejar de creer en algo, o en alguien, por completo.
En el fondo, bajo todas esas capas de desilusión, todavía está esa parte de mí que insiste en esperar, en confiar, en creer, en amar.

Y mientras mi corazón siga mandando señales de amor, la decepción no habrá ganado del todo.

Gracias por visitar mi blog. Soy crítica de arte, investigadora social y amante de la cocina. Te invito a conocer más de mí, de mi país y de mis letras. Texto de mi autiría. Fotos de Pixabay y de mi propiedad.




English



"One must not die of disappointment"

Pixabay

Hello friends of Holos-Lotus

A friend once told me: "Expect nothing from anyone, or you’ll end up disappointed." There are days when I feel that disappointment is my natural state, as if I were wearing an invisible skin woven with letdowns.

It’s not that I go looking for reasons to be disillusioned, but I find them with astonishing ease. Disappointment enters through some direct path to the heart and, from there, begins to stir everything up. Sometimes it’s over something small, almost insignificant; other times, it’s over nearly everything. On this island, it’s easy to be disappointed. We’ve reached a point where it takes so much time, effort, and money to find something that satisfies us.

I’m disappointed by broken promises, a dismissive gesture from someone I care about, someone I waited for who never showed up. There are deeper disappointments, like realizing someone wasn’t who I thought they were, or watching a situation in which I had placed my faith crumble beyond repair.

I wonder if I’m too demanding, if I expect too much from others or even from myself. I know I’m intense and intuitive, even dramatic. Maybe disappointment is just the result of an overactive, naive imagination—of building castles in the air (or without foundations, as my mother says) only to suffer when reality blows them down with a single breath. "You were disillusioned," she tells me.

Sometimes I tell myself I should stop being so easily disappointed. The world may break its own promises, but if life isn’t at stake, I shouldn’t let it affect me. So easy, right? Self-awareness helps, but it’s not enough.

Some disappointments cut like a knife. Like when someone you trust betrays you without hesitation. I remember the frequent complaints at the job I dedicated 30 years of my life to. I fought for everyone’s well-being, and one day, in a meeting, I was stunned: the very colleagues who were affected took an ambiguous stance, which I call lukewarm water.

They all ended up leaving their jobs after I did, because traitors are used and then abandoned. Later came the apologies, the regrets—but by then, it was too late.


Pixabay

When you know who disappoints you, it hurts, yes, but at least you know where the pain comes from. The worst are the vague disappointments, the ones you can’t fully explain because there’s no single event to blame, just an accumulation of little things.

Then there’s the disappointment in myself, which is perhaps the cruelest of all. That voice that whispers: You could have done better. You waste money on useless things, and when you need it for something important, you don’t have it. You could have been stronger, wiser, less fragile.

I disappoint myself when I fall short of my own expectations, when I realize I’m not even living up to what I hoped for, when I don’t push myself or settle for mediocrity. Then, disappointment mixes with shame, because failing yourself hurts differently—deeper, more intimately devastating.

Others must be disappointed in me, too. Sometimes I think my mother expected more: awards for my writing, a more prosperous life, travels, children...

I’ve tried building defenses against disappointment: lowering my expectations, anticipating failure, bracing for letdowns, expecting nothing. But even that doesn’t fully work, because disappointment always finds a crack to slip through.

No matter how hard I try, I never manage to fully immunize myself. I’m still that same little girl who gets sad when the person next to her eats their snack without sharing, or who expects her siblings to act with solidarity because "we share the same blood."

Pixabay

Over time, I’ve learned that disappointment isn’t the end of anything, but a way to readjust life. Every disillusionment is a recalibration, a reminder that things are rarely as simple as we’d like them to be.

It hurts, yes, but it also teaches me. It forces me to distinguish between what deserves my faith and what doesn’t, between the people who are worth it and those who are just passing through.

In the end, maybe disappointment is just the dark side of trust. And even though carrying it sometimes feels unbearable, I’d rather keep feeling it than harden myself to the point of no longer believing in anything—or anyone—at all.

Deep down, beneath all those layers of disillusionment, there’s still that part of me that insists on hoping, trusting, believing, loving.

And as long as my heart keeps sending out signals of love, disappointment won’t have completely won.

Thank you for visiting my blog. I’m an art critic, social researcher, and lover of cooking. I invite you to learn more about me, my country, and my writing. Text by me. Photos from Pixabay and my own. Traslate by DeepSeek.




Sort:  

El aprendizaje más difícil es reconocer nuestro propósito. Nos programan para recibir más que para dar. Es por eso que esperamos tanto como damos. La realidad es que muchas veces damos hasta el cansancio y nadie nos a pedido nada.
Hace mucho tuve la suerte de entender que no soy objeto, que no me gusta que me utilicen y sobre todo que no soy propiedad ajena. Ese día también entendí que cualquier reclamo de mi parte era incoherente.
Con el paso del tiempo llega la evolución, las lecturas más ilustrativas y la vida.
Decidí dar sin esperar y es que somos parte de un ecosistema emocional donde asumimos posturas según necesidades y conveniencia. Nuestros conflictos son personales y no están sujetos a maquiavélicos planes conspirativos para mutilar nuestra alma jjj.
La decepción no es más que inconformidad. Pero, ¿inconformidad con qué?
Nacemos casi en 0. Casi. Porque 40 semanas es un larga experiencia de vida y aprendemos hasta en el último segundo. Nacimos, vemos la luz y buufff!!!! Mágico el resto de la vida. Únicos, irrepetibles, originales, auténticos... Todos y cada uno en nuestro propio ecosistema. Interactuando, nutriendonos y rediseñandonos.
La inconformidad o deserción es una quimera que nos aleja de la perfección. Y es que somos perfectos cuando damos todo a cambio de nada jjjj.
¿Difícil? Sí. ¿ Imposible? No
Cuando se aprende este pequeño secreto, nada te puede alcanzar ...
Encontraste el propósito de los cuerdos locos.
Suerte y gracias...

Así es, creo que nunca aprendemos. Gracias por tu hermoso comentario. 💜🤍

muy ciertas tus palabras, hay que seguir y no dejarse derrumbar!

Gracias por tu apoyo. Un saludo 1🤍💜

La veces que me he desepcionado, que tambén paso por eso, creo que todos lo vivimos en algún momento, es porque esperamos algo más, y al no ser así, terminamos en ese proceso de "pudo haber sido mejor, o más", y tiene que ver (según lo veo) con que nos proyectamos en el otro esperando más, pero no siempre lo que el otro espera y aspira es lo mismo que nosotros, y ya ahí hay diferencias en la búsqueda.

También pienso que tiene que ver con la proyección a largo plazo, probablemente esperas que algo se mantenga por más tiempo, según tus espectativas, pero no es así, definitivamente todo es muy variable en el mundo, incluyéndonos, ya nos somos -ni seremos- los mismos de hace años, y debemos vivir con eso, sin desepcionarnos de nosotros. En las cosas de percepción no hay recetas mágicas, pero vivir el hoy es clave para poder sentirnos un poco mejor, al menos eso creo.
Bonito día @iriswrite.

Gracias por tu texto, es así como lo vivo. Gracias

Soy feliz de recibir esas señales de amor. Y espero no ser parte de la lista de decepciones. 🥰

No permitas que te consuma. Que la decepción te haga resistente más no dura porque en ese caso siempre corremos el riesgo de quebrarnos. Si no te decepcionaras por lo injusto, lo dañino, lo superfluo, no serías ese ser sensible que eres. Si no te afectara la mezquindad del mundo no podrías devolver la luz que guardas.

Que gusto contar vuestras luces, es como sentirse abrazados

Pues así te abrazamos

Y mientras tus amigos, que te amamos, sigamos enviando hacia ti las señales de amor más puras y bonitas, no habrá decepción que pueda morderte las manos 🥰

Ay que hermosa. Gracias querida. 🤍💜. También debemos crear una coraza, nos hace bien protegernos. Un abrazo

Endurecerse no puede ser lo mismo que solidificarse o estratificarse...
Recuerda que también todo está permeado por las expectativas y ello debe ir a la par de la auto observación de ti misma para trabajar en función de lo armónico que te satisfaga.

Así es, todo a favor de transitar bien. Un abrazo

¡A por ello pues!

!HUG
!ALIVE

Una antigua frase que reza que "quien vive en espera de todo no se asombra de nada" y yo estoy de acuerdo con ella. No se trata de ser pesimista sino que hay cosas que no dependen de nosotros y por tanto debemos trabajar en nuestra actitud. En este sentido los estoicos principalmente Epícteto, Séneca y Marco Aurelio en lo personal me han dado excelentes lecciones de vida. Saludos cordiales. Gracias por reflexionar sobre tan importante tema.

También creo que actúa en el plano de las emociones y ahí poco se puede hacer. Por mucho que te anticipes o prepares, entra y hace su parte. Luego reflexionas y puedes sanar
Gracias por tus detalles. Un abrazo

Ah pero yo en mi práctica profesional siempre toco ese punto. Tanto lo que sentimos como la actitud que asumimos como lo que hacemos comienzan con la forma en que pensamos. Todo comienza con el pensamiento. Me gusta mucho que podamos tener este diálogo fraterno. No me lo tome como contrapunteo sino como un intercambio de ideas para llegar lo mejor posible a lo que yo considero que todo buscamos en nuestro estar en el mundo. Todos buscamos ser felices y evitar el sufrimiento. Yo creo que es perfectamente posible, más allá de las circunstancias externas. Un abrazo fraterno.

Si como no, este intercambio es una maravilla. Y ya puedo hablar de algunos temas porque hace un tiempo vengo limpiandolos jjj por así decirlo, deshaciendome de todo todo lo que puedo deshacerme.
Esta es la esencia de Holos, el crecimiento personal. Un abrazo para ti

Hola, Iris:

Te leo y pienso en que necesariamente está bien sentir esas emociones negativas, por eso que dices: enseñan. Lo realmente malo sería permitir que ellas nos cambien, nos sequen, nos quiten la ilusión de confiar. Hay gente leal, amable, justa, sincera y las hay por montones, así como hay: traicioneros, pendencieros, injustos, desleales y todo lo demás.

Que en el camino, nos crucemos casi siempre con los primeros, para que ayuden a paliar la decepción que produzcan otros.

Saludos cordiales.

Hola mi querida amiga. Afortunadamente los contrastes nos ofrecen luz y sombra, vamos hacia la luz, hacia los leales. Un abrazo y gracias por tus bellas palabras