
El humo de los coches ya no nos mareaba, de alguna forma nos habíamos acostumbrado. Lo que vino después del COVID nos dejó prácticamente sin olfato y sin gusto, pero de alguna forma algo de inmunidad a la intensa contaminación que venía creciendo día con día. Por todas partes los bloqueos nos obligaban a caminar grandes distancias. Ya fuera que quisiéramos o no todos estábamos haciendo más ejercicio. Si me hubieran hablado de una deflación no lo hubiera creído, poco a poco los precios empezaron a bajar o al menos a mantenerse donde estaban con pequeños incrementos al salario mínimo, lo que nos hacía pensar en una época de abundancia. Leche queso frijoles y abundantes vegetales no faltaban en la mesa. Aún la carne de res y de puerco había mantenido su precio, sin embargo había algo que no encajaba, todo sabía casi igual, como si se tratara del mismo polímero.
Historia corta y Fotografía