El sueño de Ucrania / Ukraine's dream

in #spanish9 months ago (edited)

A pesar de que el fuego es el fuego, resulta hipnótico. Pero uno escribe para las gentes de paz que, con ingenuidad o sin ella, siguen creyendo -queremos y nos empeñamos en creer y hacer creer-, que el uso de la fuerza, aunque lo consiga, ni consigue ni debe imponer siempre su criterio, como está sucediendo de nuevo a las puertas de Europa…

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Edificio destruido en Kiev

A pesar de que el fuego es el fuego resulta hipnótico. La exposición a la calle de un espacio íntimo, destrozado su tabique frontal por las explosiones que provocan el impacto de los misiles, también. Ocurre cuando asistimos a los efectos de derrumbe parcial de un edificio que había estado habitado en el momento de la destrucción. Ocurre más aún cuando la guerra sobresalta la vida cotidiana y hace estallar en pedazos. Esa imagen en la prensa de ayer de una cocina expuesta sin pared a la vergüenza del mundo a través de internet, de un edificio de la capital de Ucrania, Kiev, hipnotiza como el fuego hasta que somos conscientes que somos nosotros los que ardemos también...

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De nuevo, el Horror...

En la fotografía se ven con claridad los impactos de metralla en las paredes que quedan en pie de la vivienda. Cómo han saltado de sus enganches los listones de madera, un revestimiento que acondicionaba la habitación, algo habitual en países fríos que aporta una peculiar calidez estética al habitáculo, aunque sea una cocina de un piso que aquí, en nuestro sur, solemos alicatar de colorido azulejo. Y entre los cascotes la fragilidad de un trozo de tela bordada. Pese a estar algo roídas por algún chispazo y el propio impacto, la imponente fragilidad de unas cortinillas que aún sirven para proteger la pequeña alacena y que, pese a mantenerse casi intactas, dejan entrever algunos tarros ya rotos y lo que parece una triste hogaza de pan. Hipnotiza mirarlo porque no nos cuadra que esté groseramente expuesto lo que pertenece a la intimidad de la rutina daría, ésa que tanto nos pesa en ocasiones cuando bromeamos con que en nuestras vidas no pasa nada extraordinario. Esa rutina acogedora, con la que ahora sueñan los ucranianos, que la guerra destroza sin misericordia.

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La guerra de Putin

Una guerra que ahora en forma de invasión relámpago está destrozando la bendita y ordinaria paz de esas personas con su horror extraordinario. Personas que estaban empeñadas en dormir con los más o menos dulces y rutinarios sueños de la vieja Europa, olvidando que lo hacía demasiado cerca, histórica y geográficamente, de la imperial Rusia de la que hace apenas 30 años formó parte en idas y venidas territoriales desde el zarato hasta la URSS y la posterior Perestroika de Gorbachov. Una Rusia imperial que ahora reclaman los sueños de grandeza de Putin, el nuevo zar que vino de la fría KGB…
(c) Domi del Postigo / www.domidelpostigo.es