Relato: "La decepción"

in Cervantes3 months ago

Fuente/Source


La decepción

Allí estaba Vanessa, frente a su madre. No le salían las palabras de su boca, temblaba como una gelatina. Su mamá le toma las manos, están frías como el hielo. –¿Qué tienes chiquita? No me asustes así –le dice con voz suave su progenitora, tal como lo hacía cuando aquella niña tropezaba al tratar de subir el escalón de la sala, aquel mismo escalón dónde hoy madre e hija están sentadas. Parece que fue ayer que esa niña vivaz no podía dormir sola porque un monstruo bajo la cama estaba al acecho.

La vida para Doña Emilia no ha sido fácil. Haber quedado huérfana cuando era una adolescente significó dejar su casa, sus amigos y sus estudios para irse a vivir con sus abuelos al campo. En solo un instante, un conductor ebrio segó la vida de sus padres y cambió la de ella para siempre. Y fue así como entre pasto, siembra y animales terminó de crecer Emilia, madurando antes de tiempo para afrontar las responsabilidades que el destino colocó en su camino. Luego de hacerse cargo del cuidado de sus dos abuelos tras dos largas convalecencias a causa de enfermedades terminales, en un abrir y cerrar de ojos Emilia ya tenía treinta años.

A los treinta y cinco años recibe una propuesta de matrimonio de Genaro, uno de los proveedores de alimentos para sus aves. La vida matrimonial aconteció en medio de altos y bajos. Cuando el reloj biológico de Emilia marcó las cuarenta y cuatro primaveras, recibió un regalo que pensó ya la vida no le daría: estaba embarazada. Su esposo, lejos de alegrarse lo tomó con un poco de frialdad. Un día, mientras transcurría el cuarto mes de embarazo, Genaro salió como todos los primeros días de cada mes a buscar materia prima a la capital, esta vez llevaba mayor equipaje que de costumbre. Nunca volvió. Su única despedida fue una carta, dónde una vez más le prometería algo que no cumpliría: velar por su futura hija. En lugar de ello, tras su partida lo único que le dejaría a su mujer y a la criatura por nacer serían deudas.

Lejos de amilanarse, Doña Emilia decide encarar de nuevo al destino, y trabajando sin descanso casi hasta el nacimiento de su pequeña bebe y posterior a ello, logró criar a Vanessa y sostener su hogar sin que les faltase nada. Hoy aquella mujer con casi seis décadas de vida, entrelazaba sus ásperas y maltratadas manos con las de su niña de catorce años, que en contraste con las de ella, eran suaves como la seda.

Vanessa no aguanta más, y estalla en llanto. –¡Te fallé mami, te fallé! –le repite una y otra vez con la cabeza sobre su hombro. Tras varios minutos, su madre decide guardar silencio y darle espacio hasta que se calmara un poco. Emilia mira el viejo reloj de la sala, marca las once de la mañana. Miguel le había prometido que estaría dos horas antes en su casa para dar la cara frente a Doña Emilia junto con ella. Ya era evidente que no llegaría, debió haberlo sospechado desde que dejó de ir a la escuela hace dos días y ya no contestaba sus llamadas.

Fuente/Source

–¡Mamá, estoy embaraza! –sentenció la pequeña Vanessa con voz entrecortada. Tras un par de minutos en silencio que para aquella se chica se volvieron eternos, su madre no pronunciaba palabra alguna pero no dejaba de apretar sus manos.

–Mami por favor, dime algo.

–Lo sabía Vanessa –respondió Emilia, esta vez con voz firme.

–Mami perdóname, soy lo peor –sollozaba Vanessa al tiempo que empezaba a llorar de nuevo cuando la interrumpe su madre.

–Cálmate Vanessa, por favor –agrega con su característica voz de autoridad.

–Mamá es que me siento como una basura –responde la asustadiza chica con su mirada al piso.

Doña Emilia rodea el rostro de su hija con sus manos y lo levanta suavemente hasta poner su cara muy cerca con la suya.

–Respóndeme con un “sí” o un “no” las cosas que te voy a preguntar. ¿Has sido mala hija? ¿Eres mala persona? ¿Has sido mala estudiante? ¿Le has hecho o deseado el mal a alguien? –a cada de las preguntas de su madre, Vanessa en silencio las iba negando con su cabeza.

–Pero… es que yo no quería decepcionarte –atinó a murmurar la chiquilla.

–Entonces nunca vuelvas a decir que eres una basura porque yo estoy segura que he criado a una buena persona.

Tras una breve pausa, le increpa mirándola fijamente –¿Miguel es el padre, cierto?

–Sí. Pero él…

–No me digas más, no volviste a saber de él desde que supo la noticia.

Y así continúa el diálogo entre madre e hija por más de una hora.

–Ahora solo nos queda meterle el pecho a la situación. No serás la primera ni la última que… –en ese instante las interrumpe el timbre del teléfono. Vanessa contesta la llamada, luego de hablar por pocos segundos cuelga, y queda viendo a Doña Emilia con expresión de sorpresa.

–¿Qué sucede hija, quién llamaba?

–Era del laboratorio dónde me hice el examen. Me dijeron que habían cometido una equivocación y… no estoy embarazada –responde Vanessa. Ambas se quedan unos segundos en silencio, y la chica vuelve al regazo de su madre.

–Comprendes que el destino te está dando una segunda oportunidad de hacer las cosas bien, ¿lo entiendes? –le increpa nuevamente Emilia. Más tarde, mientras almuerzan más calmadas, ambas sonríen por primera vez en todo el día. Doña Emilia pregunta con suspicacia qué va a pasar con Miguel.

–¡Que se joda! No volveré a tener un novio hasta que sea mayor de edad –afirma tajantemente Vanessa.

Hoy madre e hija se acostarán sin que la vida de ninguna haya cambiado sustancialmente, pero en el fondo el vínculo que han formado ambas será mil veces más fuerte al que tenían ayer.


Separador_Fael_Hive_Logo_Celeste_01.png

Muchas gracias por leerme.


Banner Fael Hive 01.gif
Banner and separator created by me in Canva | English translations made with DeepL

Sort:  

Hola @faeljimx, este post ha sido votado por la cuenta @Cervantes, saludos!

Gracias @fridakahlo por el apoyo a mi primera publicación en esta gran comunidad de Cervantes.